domingo, 8 de noviembre de 2009

Ríndete

Hace unos días hablando por teléfono con una persona con la que he mantenido una relación laboral en los últimos años y que por circunstancias de la vida llega a su fin hacía referencia en nuestra conversación a un poema de Benedetti del que me destacó la primara frase:
"No te quedes inmóvil al borde del camino..." me dijo, animándome a seguir adelante con diferentes asuntos y proyectos... que no me quedara parada...

Volviendo a casa pensaba en lo importante que sería enseñar desde pequeños a los niños a ver lo positivo y lo negativo de diferentes comportamientos sin culpas ni castigos y en la comunicación como herramienta para fabricar momentos que suman y aportan. Esto lo pensaba porque siempre llego a la conclusión de que la educación es el camino.

Pero volviendo a mi personaje, en los últimos meses su manera de hablar conmigo era muy diferente. Lo achacaba a que probablemente su vida habría cambiado y en consecuencia también su manera de relacionarse, de comunicarse. Le notaba más abierto. Ya no era una persona que parece tener todo bajo control, resuelto y organizado. Parecía más bien una persona que recuperaba sus sueños.

Mis reflexiones me llevaron concluir que diferentes escenarios dan como resultado buenas o malas relaciones y estas a su vez condicionan la vida de muchísimas personas y su entorno...

Llegué a casa y busqué a Benedetti: "No te salves".
Leí con una sonrisa el poema comprendiendo que cada uno interpreta libremente lo que lee, por tanto también lo que escucha, incluso lo que piensa... Y una vez más pensé en la relatividad de las cosas. Esta idea me acompaña últimamente...

Es muy probable que Benedetti ayudara con sus palabras escritas a mi personaje y este a su vez las utilizara (esta vez habladas) conmigo pensando que lo que ha sido bueno para él puede serlo para mí. Aquí puede estar la clave. No en lo que escribes, dices o escuchas sino en lo que quieres transmitir.

Y la propia vida nos coloca en el camino, muchos años después exactamente en el mismo punto en el que un día decidimos salirnos. Y recuperamos la emoción por lo que nos espera un poco más adelante.

No quiero salvarme ni quedarme inmóvil al borde del camino.
No quiero escribir frases con mensajes sutiles ni manejar el lenguaje para atrapar los sueños.
Yo me rindo.

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